JOSE ANDRËA
Uróboros
(Warner Music)
8/10
No, tampoco es que este sea otro ejemplo de "rock2.0" precisamente, pero os digo lo mismo que con el disco de Saratoga, lo bueno hay que difundirlo... y es el caso.
Muchas son las sensaciones que nos provoca este segundo disco del otrora vocalista de una de las bandas más importantes del rock en castellano. Lo primero es que ya esta sentencia inicial no es del todo cierta, ya que lo que tenemos delante, como ocurriera con los primeros discos de Whitesnake o Rainbow, es la jugada comercial para dar paso en un futuro a una nueva banda que lleve por nombre el de este disco, pero por ahora queda como segundo disco en solitario de alguien que ha conseguido hacer suyo algo tan común como es el nombre “Jose”, le gustará que le compare con un caso similar, el de “Raúl”, otro madridista de pro.
Confieso que me acerqué con muchos prejuicios a este disco, las últimas experiencias en directo con su banda anterior me habían dejado un sabor amargo en su papel, pero una vez escuchados los primeros cortes (y a la primera) ves que lo que pasa es que como todo en esta vida hay cambios y evoluciones a las que hay que rendirse, y Jose lo ha hecho, o más bien ha salido de un rol que ya no era el suyo… ni el de su garganta.
La primera de esas sensaciones de las que hablaba es la puramente sensorial, al oído, ya que el disco pasa por nuestros tímpanos como una caricia, algo que se consigue poniendo a seis experimentados músicos a divertirse en un estudio sin limitaciones.
Otra de las sensaciones que llegan es cuando empiezas a prestar atención, o directamente a leer (que eso se está perdiendo) las letras del disco, letras escritas desde lo más profundo, muy personales, directas y en muchas ocasiones con dardos más o menos explícitos que te tirarán de los labios para dibujarte sonrisas. Aunque también te sabrá poner melancólico, darte una pequeña dosis de crítica social… pero principalmente el mundo que ha rodeado a Jose los últimos tiempos es lo que ha quedado plasmado en las trece canciones que componen el álbum. Unas letras de las que he querido destacar unas frases que no pueden pasar desapercibidas:
“No necesito más magia de trucos baratos, ni trampas, ni plagios, menudo calvario ¡por dios!” (Aún Me Puedo Peinar)
“Ahora que ya no peleo ni con leo, solo quiero leer…” (Ni Afinado Ni Medido)
“No me interesa ya hacerme millonario luchando por llegar a lo más alto en gritar” (A Quien Conmigo Va)
“No Debo Nada a Nadie” (Flores En Tu Colchón)
Yendo ya a las canciones lo que encontramos es un compendio de sonidos americanos, rock, blues, soul… tratado de una forma que sorprenderá y seguro gustará a los seguidores de la antigua banda de Jose, porque sabiendo las cosas que se han tragado en los últimos discos, la música de calidad, sin estridencias ni juegos raros, les tiene que calar por las buenas o por las malas, además incluso encontramos una canción que pertenecía musicalmente a dicha banda.
“El Tren” ha sido el primer single y como tal sirve de buen ejemplo a todo lo dicho, un sonido yankee, en el que se nos presenta la labor de otros “ex” como Peri y Kiskilla, bajo y teclas (excelentes), la guitarra de Juan Flores “El Chino” que en la grabación también cuenta con la colaboración de Jorge Miguel González y la batería de Juanjo Frontela. El tema más apropiado también en el mensaje, no hay que dejar escapar las oportunidades, ya habrá tiempo después de valorar si has acertado.
Pero si hablamos de mensaje los más morbosos podrán retozar a sus anchas en “Vanidad”, porque si piensas a quién puede dirigirse la disfrutas todavía más. Digo todavía porque musicalmente ya se disfruta, aunque seguramente sea el tema más ligero, en el que vemos que el bajo de Peri va a jugar un papel principal en el disco, y no nos equivocamos, aunque las guitarras sorprendan con pasmosa efectividad y sencillez.
Una vez dentro del ambiente clásico de rock’n roll más puro y enraizado nos topamos con “Al Otoño Espero”, guitarras acústicas y una melodía inicial que lleva sin remisión al camino de baldosas amarillas, las teclas tratarán de meternos en un ambiente de club de jazz, pero el estribillo hace que estemos todo el tema entre Nueva Orleans y la Ínsula de Barataria, una sensación que ahora que lo pienso podría servir de titular para todo el lanzamiento. Pero quedan sorpresas.
En “No Cuentes Con Ellos” aparece esa dosis de crítica social, en un corte que nos presenta la faceta más hardrockera de la banda, porque si en la anterior la voz de Jose te “acaricia el alma” que diría aquël, en esta nos da su versión agresiva, casi rota, que tanto nos gusta y nos gustó en cortes pasados como “Mi Nombre Es Rock’n Roll”, con el que guarda alguna similitud.
Pisamos por primera vez terrenos setenteros con “Siempre Vuelve a Amanecer”, terrenos en los que cualquier rockero siempre es bienvenido. Pero setenteros en todo el amplio espectro, desde el rock al soul, en un tema en el que vemos por primera vez (creo) la colaboración de Natalia (Casa de Fieras) que también participa en la delicada “Lo Más Preciado del Mundo”, tema en el que el bajo pasa a manos de Nono Blázquez. Una canción que eleva las emociones, dedicada a la prole del cantante.
Una sorpresa más es la versión de “Frío” de Alarma, que nunca he dudado que sea una de las mejores composiciones de su época, pero llama la atención que Jose cante un tema de Manolo Tena, tan lejos en esas cosas que llaman timbre, tonalidad… pero que por un lado es un temazo de banda bien armada en lo instrumental y por otro reafirma esa calidez que ahora despliega la voz del solista que nos ocupa.
Una vez atravesado el ecuador del álbum el que no espere más momentos estelares se equivoca. “Flores En Tu Colchón” vuelve a ese rock de los setenta, con los siempre agradecidos juegos entre guitarras y teclas caminando sobre la línea del bajo. Pero si hay un tema destacado desde la primera vez que lo escuchas es “A Cubazos”, una explosión rockera, progresiva, con ese sonido Hammond que adoramos, una letra sin desperdicio y un caminar musical que nos lleva entre el rock más directo de Rainbow y un rollo big band sabrosísimo que luego se desquicia en una parte instrumental alucinante. De esas cosas que te parece haber escuchado cien veces, pero que nunca te cansan, porque te vas a acordar de Rush, de Whitesnake, de los Doors incluso, imagínate lo que puede haber, solos de cada uno de los miembros… en fin, para paladearlo sin prisa. Y si te faltaba alguien toma sonido Hendrix para abrir “Ni Afinado Ni Medio”, aunque quizá este tema pase un poco más desapercibido… si no fuera por una frase… luego ahondaré en esto un poco más, porque en los tres temas que quedan hay perlas que destacar. Digo tres aunque quedan cuatro porque uno es “La Canción de Los Deseos” un tema compuesto por la banda de la bruja y el violín al que Jose pone letra, que baja las revoluciones en el que destacan los cambios de ritmo y el fuerte contraste que se crea entre sus diferentes pasajes, con una guitarra tan destacada que casi me hace decir que me ha recordado a Pink Floyd, pero el estribillo es muy marca de la casa, de la otra casa, la anterior.
Antes nos dejábamos el puro blues de “Aún Me Puedo Peinar”, otra que lleva dardo envenenado (o así me lo parece), un blues de libro en el que Jose se vuelve a estirar y en el que volvemos a tener que destacar la labor conjunta del grupo, algo que durante todo el disco es una constante y te hace valorar aun más el lanzamiento, que por otra parte mantiene esa línea en la que nos encontramos otro blues envenenado como es la despedida de “A Quien Conmigo Va”. Ni inventan ni dejan de inventar, pero nos sabe tan bien lo que nos ofrecen…
Debo valorar como un total acierto por parte de Jose este nuevo camino emprendido, un camino que lleva a compararle con los grandes nombres ahora que sabe tanto por viejo como por diablo, porque cantar, lo que realmente es cantar y no una competición de altura, es esto.
Su hijo pone una simpática rúbrica a un álbum de “lo que ahora me pide el alma” como nos dijo Jose en la presentación, desde luego que nuestras almas se lo agradecen.
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